Utopía perredista

Posted on 4, junio, 2006

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Por Cecilia Gonzalez Michalak

México no está constituido para tener un sistema parlamentario en vez de su sistema presidencial. Hemos visto a través de la historia mexicana que las dos monarquías o seudo imperios que ha tenido nuestro país nos han llevado a la guerra.

Si México fuera parlamentario en las elecciones del 2006, el presidente se volvería rey, el jefe de gobierno primer ministro, y el Congreso tendría por Cámaras la de Comunes y la de Lores. Si seguimos bajo el modelo británico, el país sería plurinacional, por lo que nuestras circunscripciones plurinominales serían diferentes naciones bajo la corona mexicana.

El señor López Obrador sería feliz, ya que como rey, su legado continuaría hasta alguna revolución (que seguro sería en su primer sexenio), el primer ministro, la mancuerna de AMLO, Marcelo Ebrard podría renunciar cuando él lo viera prudente y sería de los mejores amigos del presidente de Estados Unidos.

El sistema normativo y constitucional dejaría nuestra ya ajetreada Constitución de 1917, para tener 3 leyes: La Common Law, Statute Law y Case Law Sentences. Esto estaría perfecto para la idiosincrasia mexicana. Como diría Benito Juárez, benemérito de las Américas, “Para mis enemigos, la ley. Para mis amigos, la interpretación de la ley”. Como la Common Law son sentencias no escritas, seguro cualquier registro se perdería, y la ley tendría más reformas que nuestra actual Constitución, pese a que las leyes del Parlamento no pueden ser anuladas. Un paraíso legislativo para nuestros ahora caballeros del Congreso, que siempre aplican en las Cámaras las excepciones de la regla.

En este Gobierno utópico, la crítica de la oposición tiene tanta importancia como su tarea propia, y los gobiernos buscarían consenso mediante flexibilidad y respeto de la tradición. Pero a quién engañamos, vivimos en un país en el que llaman “chachalaca” al presidente, y a la hora del informe presidencial le dan la espalda o lo llaman mentiroso.

De tres grandes partidos, más aliados, más nuevos partidos, sólo existirían 2. El Conservador y el Laborista, de los cuáles ninguno es ideológico. Lástima para el PRI, PAN y PRD que se mueven gracias a eso: su ideología.

No falta olvidar que nuestra idiosincrasia, o indiosincrasia se basaría en el orgullo mexicano, conjugar la tradición con la modernidad, el pragmatismo, la libertad individual como forma suprema del derecho, el sentido cívico, el puritanismo y la moderación y autolimitación del poder. Ahora en nuestro sistema político actual solo se defiende la libertad individual.

Entonces, el monarca AMLO, dirigente de la Iglesia Pejística, sería feliz, y los perredistas también. El PRI se fusionaría con sus exintegrantes en el partido Laborista y los del PAN estarían en el conservador. Los Laboristas violarían la Doctrina Estrada y hubieran mandado tropas a Irak. Mientras tanto, México se caería ya que realmente necesita un gobernador que respete las leyes y no las manipule según su criterio.

Vivimos en una democracia moderna y una monarquía, por más populista que fuera, violaría el trabajo de los liberales como Lerdo de Tejada y Juárez, que lucharon por un México libre de monarcas y de la manipulación de la Iglesia.